Fundamentación de la metafÃsica de las costumbres
Fundamentación de la metafÃsica de las costumbres para resolver de la manera más breve, y sin engaño alguno, la pregunta de si una promesa mentirosa es conforme al deber, me bastará preguntarme a mà mismo: ¿me darÃa yo por satisfecho si mi máxima —salir de apuros por medio de una promesa mentirosa— debiese valer como ley universal tanto para mà como para los demás? ¿PodrÃa yo decirme a mà mismo: cada cual puede hacer una promesa falsa cuando se halla en un apuro del que no puede salir de otro modo?
Y en la segunda fase de este procedimiento nos invita a contrastar, con ayuda de las leyes de la lógica, la consistencia de la universalización efectuada:
Y bien pronto me convenzo de que, si bien puedo querer la mentira, no puedo querer, empero, una ley universal de mentir; pues, según esta ley, no habrÃa propiamente ninguna promesa, porque serÃa vano fingir a otros mi voluntad respecto de mis futuras acciones, pues no creerÃan ese mi fingimiento, o si, por precipitación lo hicieren, pagarÃanme con la misma moneda; por tanto, mi máxima, tan pronto como se tornase ley universal, destruirÃase a sà misma.[20]