Fundamentación de la metafísica de las costumbres
Fundamentación de la metafísica de las costumbres En el discurso ético actual se maneja una dicotomía similar, según que se establezca como criterio de bondad moral de nuestros actos la utilidad de sus consecuencias o la calidad intrínseca de ellos, lo cual nos sitúa en una especie de dilema, que nos fuerza a optar o bien por una ética que mide la bondad de una conducta por la utilidad de sus consecuencias, o bien por otra que mide la bondad de dicha conducta por su intrínseca excelencia, cualesquiera que sean los resultados. En el primer caso suele hablarse de utilitarismo o consecuencialismo y en el segundo de intuicionismo, internalismo o intrinsecalismo (considerando aquí, de manera algo abusivamente simplista, como sinónimos estos tres términos que, en rigor, no significan lo mismo). Para visualizar de un modo intuitivo el contraste entre ambos enfoques, imaginemos el caso de un terrorista que tiene en sus manos un grupo de rehenes y que, para entretenerse, se le ocurre la para él divertida idea de comprometerse a poner en libertad a la mayoría del grupo, siempre que todos estén de acuerdo, mediante la correspondiente votación, en que antes sean ejecutados dos de ellos elegidos por sorteo. Un defensor de la ética utilitarista juzgaría conveniente transigir en esa votación con el sorteo y la subsiguiente ejecución criminal de dos rehenes, porque la provechosa consecuencia de ese crimen sería la libertad de la mayoría del grupo. Un defensor de la ética internalista o intrinsecalista sostendría que no se puede transigir con un acto intrínsecamente malo por útiles que sean sus consecuencias. Obviamente, en este segundo sentido se decanta la ética de Kant.[21]