Fundamentación de la metafÃsica de las costumbres
Fundamentación de la metafÃsica de las costumbres Pero en el ámbito de la razón práctica y de la ética pura el análisis de las categorÃas y los principios del entendimiento no nos sirve de gran cosa, pues tales categorÃas y principios están constitutivamente referidos a la sensibilidad. No tenemos experiencia de leyes sintéticas y a priori no causales que valgan para el mundo y su deducción (la prueba de que tienen validez real) está erizada de dificultades.
La metafÃsica de las costumbres se halla asà en una situación más precaria que la metafÃsica de la naturaleza, y a ello alude Kant en este dramático, casi desesperado pasaje del segundo capÃtulo de la Fundamentación:
Vemos aquÃ, en realidad, a la filosofÃa en un punto de vista desgraciado, que debe ser firme, sin que, sin embargo, se apoye en nada ni penda de nada en el cielo ni sobre la tierra. Aquà ha de demostrar su pureza como guardadora de sus leyes, no como heraldo de las que le insinúe algún sentido impreso o no sé qué naturaleza tutora; los cuales, aunque son mejores que nada, no pueden nunca proporcionar principios, porque éstos los dicta la razón y han de tener su origen totalmente a priori y con ello su autoridad imperativa: no esperar nada de la inclinación humana, sino aguardarlo todo de la suprema autoridad de la ley y del respeto a la misma, o, en otro caso, condenar al hombre a despreciarse a sà mismo y a execrarse en su interior.[48]