Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo Pero si alguien quiere obstinarse en reconocer la aplicación inmediata de la sabiduría divina en todas las disposiciones de la naturaleza que entre ellas comprenden armonía y fines útiles, no atreviéndose a atribuir consecuencias coincidentes al desarrollo por leyes generales de movimiento, le aconsejaría que al contemplar el edificio mundial dirija sus ojos no a uno solo entre los cuerpos celestes sino a la totalidad, para librarse de una vez de esta obsesión. Si la posición inclinada del eje terrestre con relación a su órbita fuera, a causa de la agradable supresión de las estaciones del año, una prueba de la mano inmediata de Dios, entonces sólo hace falta traer a colación la posición de los ejes en los otros cuerpos siderales para darse cuenta que varía en cada uno de ellos y dentro de estas variedades hay algunos que no la tienen del todo, como por ejemplo Júpiter cuyo eje es perpendicular al plano de su órbita, y Marte cuyo eje es casi perpendicular de manera que ambos no disfrutan de ningún cambio de estaciones, pero no dejan por eso de ser obras de la Suprema Sabiduría como los otros. El acompañamiento de las lunas en Saturno, Júpiter y la Tierra parecería ser una disposición especial del Ser Supremo, si el libre abandono de esta finalidad a través de todo el sistema del edificio mundial no mostrase que la naturaleza ha producido estas determinaciones sin que alguna fuerza extraordinaria haya intervenido en su libre comportamiento. Júpiter tiene cuatro lunas, Saturno cinco, la Tierra una y los restantes planetas ninguna aunque parecería que por sus noches más largas la necesitarían más que aquéllos. Al admirar la igualdad de las fuerzas impulsoras impresas a los planetas proporcionada a las tendencias centrípetas de su distancia como la causa por la cual giran casi en círculos alrededor del Sol y son habilitados, debido a la regularidad del calor transmitida por el Sol, a servir de residencia a seres razonables, y al considerarla como la mano directa de la Omnipotencia, se siente uno de repente reducido a las leyes generales de la naturaleza por la consideración de que toda calidad planetaria se va perdiendo paulatinamente por todos los grados de la disminución en la profundidad del cielo, y que precisamente la Suprema Sabiduría que se habría complacido en los movimientos moderados de los planetas, no ha excluido tampoco los defectos en que termina el sistema al desembocar en la completa irregularidad y desorden. No obstante tener una esencial determinación a la perfección y al orden, la naturaleza abarca en la extensión de sus variaciones todas las diferencias posibles, incluidos los defectos y las desviaciones. Esta misma ilimitada fecundidad suya ha producido tanto los globos habitados como los cometas, las montañas útiles y los escollos dañinos, los paisajes habitables y los yermos desiertos, las virtudes y los vicios.