La Religion dentro de los limites de la mera Razon
La Religion dentro de los limites de la mera Razon 1. Supuesto que tenga lugar una satisfacción por los pecados del hombre, es ciertamente bien comprensible cómo todo pecador querría de buena gana referirla a sí y, si la cosa depende sólo de creer (lo cual significa tanto como declarar que él quiere que la satisfacción deba haber tenido lugar también para él), no dudaría ni por un instante. Pero no se comprende en absoluto cómo un hombre razonable que se sabe culpable puede pensar seriamente que sólo necesita creer el mensaje de una satisfacción dada en su provecho y aceptarla utiliter (como dicen los juristas) para considerar su culpa como anulada, y tanto (incluso con su raíz) que también para el porvenir una buena conducta por la cual no se ha tomado hasta entonces el menor trabajo será la consecuencia inevitable de esta fe y de la aceptación del beneficio ofrecido. Ningún hombre que reflexione puede dar entrada en sí a esa creencia, por más que el amor a sí mismo convierta frecuentemente en esperanza el mero deseo de un bien por cuya consecución no se hace o no puede hacerse nada, como si su objeto fuese a venir por sí, atraído por el mero anhelo. No se puede imaginar esto como posible de otro modo que si el hombre considera esta fe como dada a él de modo celestial y, por lo tanto, como algo sobre lo cual no tiene necesidad de dar cuenta alguna a su Razón. Si no es capaz de pensar tal cosa, o es demasiado sincero para fingir en sí semejante confianza como simple medio de halagarse, entonces, con todo el respeto a una tal satisfacción hiperbólica, con todo el deseo de que una satisfacción tal esté abierta también para él, no podrá menos de considerarla sólo como condicionada, es decir: no puede menos de considerar que su conducta mejorada en cuanto está en su poder ha de ir por delante para dar aunque sólo sea el menor fundamento de esperanza de que tal mérito superior pueda valerle.—Por lo tanto, si el conocimiento histórico acerca de este mérito pertenece a la fe eclesial, en tanto que la conducta mejorada como condición pertenece a la fe moral pura, ésta habrá de preceder a aquélla.