La Selección
La Selección —¿Por qué insistes tanto en conocerme, Maxon? —preguntó, cruzándose de brazos. Él se detuvo y la miró fijamente. —Porque siento que contigo puedo ser… yo mismo. Sin las cámaras, sin las formalidades.
America no supo qué decir. HabÃa algo honesto en su tono que la inquietó más que cualquier otra cosa en el palacio. Sin embargo, no podÃa permitirse bajar la guardia.
Mientras tanto, las tensiones fuera de los muros dorados continuaban creciendo. Los rebeldes no solo eran un rumor; sus ataques se intensificaban, y el palacio era su objetivo principal. Una tarde, mientras las chicas practicaban para un baile oficial, un estruendo sacudió los cimientos del edificio.
—¡Ataque rebelde! —gritó un guardia, entrando al salón para escoltarlas hacia los refugios subterráneos.
El caos estalló. Las chicas corrÃan, algunas lloraban, mientras los guardias intentaban mantener el orden. America, sin embargo, se quedó paralizada por un instante. El sonido de los disparos a lo lejos le recordó la fragilidad de todo lo que la rodeaba.
—¡America! —Maxon apareció de repente, tomándola del brazo—. Ven conmigo, es más seguro.