Fabulas libertinas

Fabulas libertinas

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Fogoso, cual saliendo de una fragua,

Ana dejó su abrigo,

Y se fue presurosa.

¿Quién creyera que aquesto así parase?

Pero es verdad. Ana, la escrupulosa,

Aunque marchando con furor, pensase

En lo que la dejaba enajenada,

Febril y avergonzada,

No quiso dar a Juan aun aquel día.

Lo que otra, en su lugar, dado le habría.

Llegó la Pascua, y fue nuevo motivo

Para Ana, de tormento,

Que haciendo de sus faltas el recuento,

Halló el recuerdo vivo

Del lance, que a su amor era incentivo.

La doncella, guardarse o quería;

Pero, el cura Don Lucas, que sabía

Descubrir los pecados más secretos,

La hizo que aligerara su conciencia,

Contándole los datos más completos,

Para dar al error la penitencia,

Que un confesor amigo,

No debe ser injusto en el castigo.

Y así dijo su grande Reverencia:

«Es grande sensualidad,

Ana; muy grande, e insisto,

Porque te digo, en verdad,


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