Wen-tzu
Wen-tzu Nada y nadie en el mundo es válido o carece de valor. Si son valoradas por lo que es válido de ellas, entonces todas las cosas y todos los seres son válidos. Si son despreciadas por lo que no tiene valor en ellas, entonces todas las cosas y todos los seres carecen de valor. Por ello, quienes no estiman las palabras de los sabiondos no buscan pescado en los árboles ni se sumergen en los estanques en búsqueda de pájaros.
En los antiguos tiempos, cuando el sabio rey Yao gobernaba el país, guiaba al pueblo, de tal manera que quienes vivían cerca del agua pescaban, quienes vivían en los bosques recolectaban, y quienes vivían en los valles pastoreaban, y quienes vivían en las tierras altas cultivaban el suelo. Sus hábitats eran adecuados a sus ocupaciones, sus ocupaciones eran adecuadas a sus herramientas, y sus herramientas eran adecuadas a sus recursos. En las tierras húmedas tejían redes, y en los terrenos secos araban los campos.
Así pues, la gente era capaz de utilizar lo que tenía para cambiarlo por aquello de lo que carecía, utilizando sus capacidades en intercambio de lo que no podían hacer por sí mismos. Por consiguiente, quienes se rebelaban eran pocos, mientras que quienes obedecían eran muchos. Era como un viento soplando en silencio; sintiéndolo repentinamente, cada persona responde, con claridad u opacidad.