La serpiente emplumada
La serpiente emplumada REGRESO A SAYULA
La mañana llegó perfectamente azul, con frescura en el aire y una luminosidad azul sobre los árboles y las distantes montañas, y los pájaros eran tan brillantes que parecían capullos recién abiertos centelleando en el aire.
Cipriano volvía a Guadalajara con el automóvil y Carlota se iba con él. A Kate la llevarían a casa en el bote.
A veces Carlota era todavía una tortura para Ramón. Parecía conservar el poder de herirle en lo más vivo. No en su mente o espíritu, sino en su viejo yo emocional y pasional; le hería en las entrañas, haciéndole sentir que se desangraba interiormente.
Porque la había amado, sentido cariño por ella, por el ser apasionado, afectuoso, voluble y a veces encantador que ella había sido. La había contemplado y mimado durante muchos años.
