Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron —¡Oh! No ocurrirá nada.
—Veamos, entonces. Tres mil francos, ¿será bastante?
El inspector sorbió un poco de rapé, reflexionó y dejó caer estas palabras:
—Sea. Sólo que debo declararle a usted lealmente que ése es un dinero tirado por la ventana.
—Me es igual.
—En ese caso… Pero, después de todo, nunca se sabe con ese diablo de Lupin. Debe de tener a sus órdenes a toda una banda… ¿Está usted seguro de sus criados?
—En verdad…
—Entonces no contemos con ellos. Voy a advertir por telegrama a dos mozos amigos mÃos, que nos darán mayores seguridades… Y ahora márchese usted, que no nos vean juntos. Hasta mañana a eso de las nueve.
* * *
Al dÃa siguiente, fecha fijada por Arsenio Lupin, el barón de Cahorn descolgó su panoplia, preparó sus armas y se paseó por las inmediaciones de Malaquis. No le sorprendió nada equÃvoco.