Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¿Qué dice usted?
—Sé…, sé que va a la calle Murillo…, al número 18. Pues bien: no hace falta… No, no debe ir allÃ… Le aseguro que lo sentirá. Si le digo esto, no piense que tengo en ello ningún interés. Es un caso de conciencia.
El inglés trató de separarla de su lado. Ella insistió:
—¡Oh, se lo ruego, no se obstine!… ¡Ah, si yo supiera cómo convencerle! Mire en el fondo de mÃ, mire en el fondo de mis ojos… Son sinceros…, dicen la verdad…
OfrecÃa sus ojos locamente, aquellos bellos ojos graves y lÃmpidos en los que parecÃa reflejarse la misma alma. Wilson movió la cabeza.
—La señorita tiene aspecto bastante sincero.
—Sà —imploró la joven—. Hay que tener confianza…
—Tengo confianza en usted, señorita —replicó Wilson.
—¡Oh, qué feliz soy! Su amigo también, ¿verdad? Lo siento…, estoy segura de ello. ¡Qué dicha! Todo se arreglará… ¡Ah, qué buena idea tuve!… Escuche, señor, hay un tren para Calais dentro de veinte minutos… Pues bien: cójalo usted… Rápido, sÃgame… El camino está por este lado y apenas tiene usted tiempo.