Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¡SÃ, que yo protegÃa! ¿Es indispensable robar siempre, engañar y hacer daño?
—Entonces, ¿también hace usted el bien?
—Cuando tengo tiempo. Además, eso me divierte. Encuentro extraordinariamente gracioso que, en la aventura que nos ocupa, sea yo el genio del bien, que socorre y salva, y usted el genio del mal, que lleva la desesperación y las lágrimas.
—¡Las lágrimas! ¡Las lágrimas! —protestó el inglés.
—¡Claro que sÃ! El matrimonio d’Imblevalle está deshecho, y Alice Demun llora.
—Ella no podÃa quedarse allÃ… Ganimard habrÃa terminado por desenmascararla… y, a través de ella, habrÃa llegado hasta la señora d’Imblevalle.
—Estoy de acuerdo con usted, maestro. Pero ¿de quién es la culpa?
Dos hombres pasaron por delante de ellos. Sholmes dijo a Lupin, con voz cuyo timbre aparecÃa algo alterado:
—¿Sabe usted quiénes son esos caballeros?
—He creÃdo reconocer en uno de ellos al capitán del barco.
—¿Y el otro?
—Lo ignoro.