Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Tal emoción sofocó a Ganimard, que permaneció mudo, incapaz de articular palabra. ¡Ella se hallaba allÃ, frente a él, a su disposición! ¡Qué victoria sobre Arsenio Lupin, y qué revancha! Y, al mismo tiempo, esta victoria le parecÃa obtenida con tanta facilidad que se preguntaba si la Dama Rubia no irÃa a deslizarse por entre sus dedos, gracias a alguno de esos milagros en los que Arsenio Lupin era maestro.
No obstante, ella esperaba, sorprendida por aquel silencio, y miraba a su alrededor sin disimular su inquietud.
«¡Se va a ir! ¡Va a desaparecer!», pensó Ganimard, espantado.
Bruscamente, se interpuso entre la puerta y ella. La mujer se volvió e intentó salir.
—No, no —dijo Ganimard—. ¿Por qué quiere marcharse?
—Pero, señor, no comprendo su comportamiento. Déjeme…
—No hay ninguna razón para que se vaya, señora, y muchas, por el contrario, para que se quede.
—Sin embargo…
—Es inútil. No saldrá.
PalidÃsima, se dejó caer en una silla, y balbució:
—¿Qué quiere usted?