Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Perdón, señor, pero antes de continuar esta entrevista, cuyo objeto, dicho sea entre nosotros, no me parece muy claro, le quedarÃa a usted muy agradecido si me dijera a quién tengo el honor de hablarle.
–Es absolutamente inútil -replicó el extranjero.
–Absolutamente indispensable -afirmó Lupin.
–¿Por qué?
–Por razones de delicadeza, señor. Usted ya sabe mi nombre, pero yo no sé el de usted; en esto existe una falta de corrección que yo no puedo soportar.
El extranjero se impacientó.
–El solo hecho de que el director de esta prisión nos haya presentado prueba que…
–Que el señor Borély ignora las convenciones -replicó Lupin-. Aquà somos dos, señor, y estamos a la par. No hay un superior y un subalterno, un prisionero y un visitante que consiente en verle. Hay dos hombres, y uno de ellos tiene sobre la cabeza un sombrero que no deberÃa tener.