Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Grandes relámpagos azotaban las sombras. Y a la luz fulgurante de esos relámpagos, Lupin, desconcertado, sacudido por estremecimientos, convulsionado de horror, veía y trataba de comprender.
No se movía, aferrado a la garganta del enemigo, cual si sus dedos entumecidos no pudieran ya soltar más su presa. Por otra parte, aunque ahora ya supiera, no tenía, por así decir, una impresión exacta de que aquel ser fuese Dolores. Era todavía el nombre de negro, Luis de Malreich, la bestia inmunda de las tinieblas; y esa bestia él la tenía en su poder y no la soltaría.
Pero la verdad se lanzaba al asalto de su espíritu y de su conciencia, y vendido, torturado de angustia, murmuró: