El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —Después de todo, ¿qué? Después de todo, ¿qué?… —exclamó Rouletabille, presa de una cólera que yo habÃa desencadenado inocentemente—. ¿Por qué dice usted: después de todo es muy posible?…
Le supliqué que no se enfadara, pero ya lo estaba demasiado para escucharme, y declaró que admiraba la duda prudente con que algunas personas (yo) abordaban los problemas más sencillos, sin arriesgarse nunca a decir: «Esto es» o «Esto no es», de tal forma que su inteligencia obtenÃa exactamente el mismo resultado que se hubiera alcan2ado si la naturaleza hubiera olvidado rellenar su cavidad craneana con un poco de materia gris. Como yo parecÃa un poco humillado, mi joven amigo me cogió del brazo y me concedió «que no lo habÃa dicho por mÃ, dado que sentÃa por mà una particular estima».