El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Un hombre, vestido completamente de terciopelo verde, con la cabeza cubierta con una gorra redonda del mismo color, avanzaba con pasos tranquilos por la carretera, fumando su pipa. Llevaba una escopeta en bandolera y en sus movimientos demostraba una soltura casi aristocrática. Aquel hombre podÃa tener cuarenta y cinco años. El pelo y el bigote eran de color gris. Era de una belleza notable. Llevaba quevedos. Cuando pasó al lado de la venta, pareció dudar, preguntándose si entrarÃa, echó una mirada hacia donde estábamos, dejó escapar una bocanada de humo de su pipa y prosiguió su paseo con el mismo paso indolente.
Rouletabille y yo mirábamos al hospedero. Sus ojos fulgurantes, sus puños cerrados, su boca temblorosa nos mostraban los sentimientos tumultuosos que lo agitaban.
—¡Hizo bien en no entrar hoy! —silbó.
—¿Quién es ese hombre? —preguntó Rouletabille, removiendo la tortilla.
—¡El «hombre verde»! —gruñó el ventero—. ¿No lo conoce? Mejor para usted. No es una relación recomendable… Es el guarda del señor Stangerson.
—No parece quererlo mucho, ¿eh? —preguntó el reportero, echando los huevos batidos en la sartén.