El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —Nadie lo quiere en el lugar; además, es orgulloso; antiguamente debió de tener una fortuna, y no ha perdonado a nadie verse forzado a hacer de criado para vivir. Pues un guarda es un criado como los demás, ¿no le parece? ¡Palabra! Parece que él es el dueño del Glandier, que todas las tierras y bosques le pertenecen. ¡No dejarÃa a un pobre comer un trozo de pan en la hierba, «en su hierba»!
—¿Viene por aquà alguna vez?
—Viene demasiado. Pero le voy a hacer comprender que su cara no me gusta. Hace sólo un mes no me molestaba. La venta «La Torre del Homenaje» nunca habÃa existido para él… ¡No le daba tiempo! TenÃa que hacerle la corte a la hospedera de los «Tres lirios» en Saint-Michel. Ahora que ha habido una ruptura en los amores, está buscando cómo pasar el tiempo en otra parte… ¡Un mujeriego, un perdido, un canalla, eso es lo que es! No hay hombre honrado que pueda aguantar a semejante hombre… Mire, los porteros del castillo no podÃan ver ni en pintura al «hombre verde».
—Asà pues, ¿los porteros son gente honrada, señor ventero?
—Ande, llámeme tÃo Mathieu, es mi nombre… Pues bien, como me llamo Mathieu, señor, que los creo honrados.
—Sin embargo, los han detenido.