El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —¿Estaba la mesa tan cerca del cuarto que un hombre saliendo agachado del cuarto y deslizándose por debajo de la mesa pudiera pasar desapercibido?
—Siguen olvidando —interrumpió el señor Stangerson con cansancio— que mi hija habÃa cerrado su puerta con llave y cerrojo, que la puerta permaneció cerrada, que estuvimos luchando contra la puerta desde el mismo instante en que comenzó el asesinato, que estábamos ya a la puerta mientras la lucha entre el asesino y mi hija proseguÃa, que los ruidos de la lucha nos llegaban aún y que oÃamos agonizar a mi desgraciada hija bajo la presión de los dedos cuya sangrienta marca conservó su cuello. Por más rápido que fuera el ataque, nosotros fuimos tan rápidos como él y estuvimos en seguida detrás de la puerta que nos separaba del drama.
Me levanté y me dirigà a la puerta, que examiné de nuevo con el mayor cuidado. Luego volvà a levantarme e hice un gesto de desaliento.
—ImagÃnense —dije— que el panel inferior de esta puerta hubiera podido ser abierto, sin necesidad de que se abriera la puerta, ¡y el problema estarÃa resuelto! Pero, por desgracia, esta última hipótesis es inadmisible después del examen de la puerta. Es una sólida y gruesa puerta de roble de tal constitución que forma un bloque inseparable… Se ve muy bien, a pesar de los daños causados por los que la derribaron…