El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo La portera y yo echamos a correr de nuevo y volvimos al pabellón. La puerta seguía en pie a pesar de los golpes terribles del señor Stangerson y de Bernier. Por fin, cedió bajo nuestros furiosos esfuerzos, y ¿qué vimos entonces? Tengo que decirle, señor, que detrás de nosotros la portera llevaba la lámpara del laboratorio, una lámpara potente que iluminaba todo el cuarto.