El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Y no pudimos, una vez más, sacarles dos frases seguidas con sentido. Siguieron negando con terquedad, jurando por Dios y por todos los santos que estaban en la cama cuando oyeron un tiro.
—No dispararon uno, sino dos tiros. Ya ven cómo están mintiendo. ¡Si oyeron el uno, debieron oÃr el otro!
—¡Dios mÃo!, señor juez, sólo oÃmos el segundo. A ver, estábamos dormidos todavÃa cuando tiraron el primero.
—¡Ah, eso sÃ, tiraron dos! —dijo el tÃo Jacques—. Yo estoy seguro de que todos los cartuchos de mi revólver estaban intactos; encontramos dos cartuchos vaciados, dos balas, y oÃmos dos tiros detrás de la puerta. ¿No es asÃ, señor Stangerson?
—Sà —dijo el profesor—, dos tiros, primero un tiro sordo y luego un disparo estrepitoso.