El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —¿Por qué siguen mintiendo? —exclamó el señor Marquet, volviéndose hacia los porteros—. ¿Creen que la policÃa es tan tonta como ustedes? Todo demuestra que estaban fuera, cerca del pabellón, en el momento del drama. ¿Qué hacÃan allÃ? ¿No quieren decirlo? Su silencio testifica su complicidad. Y, por lo que a mà respecta… —dijo, volviéndose hacia el señor Stangerson—, por lo que a mà respecta, no puedo explicarme la huida del asesino más que por la ayuda proporcionada por estos dos cómplices. En cuanto estuvo la puerta derribada, mientras usted, señor Stangerson, se ocupaba de su desgraciada hija, el portero y su mujer facilitaban la salida al miserable, que se deslizó detrás de ellos, alcanzó la ventana del vestÃbulo y saltó al parque. El portero volvió a cerrar la ventana y las contraventanas detrás de él. ¡Pues, en fin, esas contraventanas no se cerraron solas! Eso es lo que he sacado… Si alguien ha imaginado otra cosa, ¡que lo diga!…
El señor Stangerson intervino: