El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo »El asesino, después de quitarse los zapatos, que con toda seguridad le estorbaban, los llevó en la mano al servicio y los depositó allí desde el umbral, pues en el polvo del servicio no hay huella de pies descalzos o con calcetines, ni tampoco de otros zapatos. Así pues, dejó los zapatos al lado del paquete. En aquel momento, el robo había sido ya cometido. Luego el hombre vuelve al «Cuarto Amarillo» y entonces se desliza bajo la cama, donde la huella de su cuerpo se ve perfectamente en el parquet y hasta en la estera que fue en ese sitio ligeramente enrollada y muy arrugada. Las mismas briznas de paja, recién arrancadas, atestiguan igualmente el paso del asesino por debajo de la cama.
—Sí, sí, eso ya lo sabemos —dijo el señor Marquet.
—El hecho de que volviera debajo de la cama —prosiguió ese asombroso crío de periodista— demuestra que el robo no fue el único móvil de la venida del hombre. No me digan que se había refugiado allí en seguida al divisar por la ventana del vestíbulo, o bien al tío Jacques, o bien al señor y a la señorita Stangerson, que se disponían a regresar al pabellón. Era mucho más fácil para él subir al desván y esperar escondido una ocasión para escaparse, si su intención no hubiera sido más que la de huir. ¡No! ¡No! El asesino tenía que estar en el «Cuarto Amarillo»…
Aquí intervino el jefe de la Seguridad: