El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Rouletabille calló. Todos callábamos. Cada uno sacaba las conclusiones que podía sobre esa extraña historia de la lista de correos. De hecho, ahora parecía que había un hilo sólido por el cual podríamos seguir este caso «incomprensible».
El señor Stangerson dijo:
—Es, pues, casi seguro que mi hija perdió la llave, que no quiso hablarme de ello para evitarme toda inquietud y que rogó a la persona que pudiera haberla encontrado escribir a lista de correos. Con toda seguridad, temía que, al dar nuestra dirección, el hecho ocasionara diligencias que me habrían dado a conocer la pérdida de la llave. Es muy lógico y muy natural. ¡Pues ya me robaron en otra ocasión!
—¿Dónde fue eso? ¿Y cuándo? —preguntó el jefe de la Seguridad.