El Misterio del cuarto amarillo

El Misterio del cuarto amarillo

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—No he entrado en el «Cuarto Amarillo» —prosiguió Frédéric Larsan—, pero me imagino que tienen la prueba de que no se podía salir de él más que por la puerta. El asesino salió por la puerta. Ahora bien, pues es imposible que sea de otra forma, así tiene que ser. Cometió el crimen y salió por la puerta. ¿En qué momento? En el momento en que le resultaba más fácil, en el momento más explicable, tan explicable que no puede haber otra explicación. Examinemos, pues, los «momentos» que siguieron al crimen. Tenemos el primer momento, durante el cual el señor Stangerson y el tío Jacques se encuentran ante la puerta para prohibirle el paso. Tenemos el segundo momento, durante el cual el tío Jacques se ausenta un instante y el señor Stangerson se encuentra sólo ante la puerta. Tenemos el tercer momento, durante el cual el portero se reúne con el señor Stangerson. Tenemos el cuarto momento, durante el cual el señor Stangerson, el portero, su mujer y el tío Jacques se encuentran ante la puerta, leñemos el quinto momento, durante el cual la puerta es derribada y el «Cuarto Amarillo» invadido. El momento en que la huida es más explicable es el mismo momento en que hay menos personas unte la puerta. Tenemos un momento en que no hay más que una: aquél en que el señor Stangerson se queda solo ante la puerta. A no ser que admitamos la complicidad del silencio del tío Jacques, cosa que no creo, pues el tío Jacques no habría salido del pabellón para ir a examinar la ventana del «Cuarto Amarillo» si hubiera visto abrirse la puerta y salir al asesino. La puerta no se abrió, pues, más que ante el señor Stangerson solo, y el hombre salió. Aquí debemos admitir que el señor Stangerson tenía poderosas razones para no detener o para no mandar detener al asesino, puesto que lo dejó llegar a la ventana del vestíbulo ¡y volvió a cerrar la ventana tras él!… Hecho esto, como iba a volver el tío Jacques y era necesario que encontrara las cosas como antes, la señorita Stangerson, horriblemente herida, encontró aún fuerzas, sin duda bajo las amonestaciones de su padre, para cerrar de nuevo la puerta del «Cuarto Amarillo» con llave y cerrojo antes de derrumbarse, moribunda, sobre el parquet… No sabemos quién cometió el crimen. No sabemos de qué miserable son víctimas el señor y la señorita Stangerson; pero no cabe duda de que ellos sí lo saben. Debe de ser un secreto terrible para que el padre no haya vacilado en dejar a su hija agonizante detrás de la puerta que ella misma volvía a cerrar, terrible para que haya dejado escapar al asesino… ¡Pero no hay otra forma humana de explicarse la huida del asesino del «Cuarto Amarillo»!


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