El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Era Frédéric Larsan… El policÃa ocupaba ya el puesto de observación cuando mi amigo creÃa haber llegado solo… Por lo demás, ni el uno ni el otro se preocuparon de mi asombro. Creà entender que desde lo alto de su observatorio habÃan asistido a una escena llena de ternura y desesperación entre la señorita Stangerson, tendida en la cama, y el señor Darzac de rodillas a su cabecera. Y ya cada uno parecÃa sacar con mucha prudencia conclusiones diferentes. Era fácil de adivinar que esta escena habÃa producido un gran efecto en la mente de Rouletabille «a favor de Robert Darzac», mientras que en la de Larsan sólo atestiguaba una perfecta hipocresÃa favorecida por un arte superior en el novio de la señorita Stangerson…
Al llegar a la reja del parque, Larsan nos detuvo:
—¡Mi bastón! —exclamó.
—¿Ha olvidado su bastón? —preguntó Rouletabille.
—Sà —respondió el policÃa—, se me quedó allÃ, al lado del árbol…
Y nos dejó, diciendo que en seguida se reunÃa con nosotros…