El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo
Rouletabille me hizo una seña para que subiera detrás de él la monumental escalera doble que, a la altura del primer piso, formaba un rellano. Desde el rellano se iba directamente al ala derecha o al ala izquierda del castillo por una galería que venía a desembocar allí. La galería, alta y ancha, se extendía a todo lo largo del edificio y recibía luz de la fachada del castillo orientada al norte. Las puertas de las habitaciones cuyas ventanas daban al mediodía se abrían sobre la galería. El profesor Stangerson vivía en el ala izquierda del castillo. La señorita Stangerson tenía sus aposentos en el ala derecha. Una alfombra estrecha sobre el parquet encerado, que brillaba como un espejo, ahogaba el ruido de nuestros pasos. Rouletabille me decía en voz baja que anduviera con precaución, pues pasábamos ante la habitación de la señorita Stangerson. Me explicó que los aposentos de la señorita Stangerson constaban de su habitación, una antecámara, un pequeño cuarto de baño, un gabinete y un salón. Naturalmente se podía pasar de una habitación a otra sin necesidad de pasar por la galería. El salón y la antecámara eran las únicas piezas de los aposentos con una puerta a la galería. La galería continuaba recta hasta el extremo este del edificio, de donde recibía luz del exterior a través de una alta ventana (ventana 2 del plano). Hacia los dos tercios de su longitud, la galería se encontraba en ángulo recto con otra galería que torcía con el ala derecha del castillo.