El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Para mayor claridad de este relato, llamaremos «galería recta» a la galería que va de la escalera hasta la ventana este, y «recodo de la galería» al trozo de galería que tuerce con el ala derecha y que viene a desembocar en ángulo recto a la galería recta. En el cruce de estas dos galerías estaba la habitación de Rouletabille, contigua a la de Frédéric Larsan. Las puertas de las dos habitaciones daban al recodo de la galería, mientras que las puertas de los aposentos de la señorita Stangerson daban a la galería recta (véase el plano).
Rouletabille empujó la puerta de su habitación, me dejó pasar y volvió a cerrar la puerta detrás de nosotros echando el cerrojo. No me había dado tiempo todavía a echar una ojeada a su instalación, cuando dio un grito de sorpresa a la vez que me mostraba encima del velador unos quevedos.
—¿Qué es esto? —se preguntaba—. ¿Qué hacen estos quevedos encima del velador?
Me hubiera costado trabajo responderle.
—A no ser que —dijo—, a no ser que…, a no ser que…, a no ser que sean estos quevedos «lo que busco»… y que… y que… ¡y que sean unos quevedos de présbita!…
Se arrojó literalmente sobre los quevedos; sus dedos acariciaban la convexidad de los cristales… y entonces me miró de un modo espantoso.