El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Esto me hacÃa presagiar un relato de lo más cautivador. En aquel momento alguien anduvo por el pasillo, pasó por delante de nuestra puerta. Rouletabille escuchó. Los pasos se alejaron.
—¿Está Frédéric Larsan en su habitación? —pregunté indicando el tabique.
—No —me respondió mi amigo—, no está aquÃ; debió de marcharse esta mañana para ParÃs. ¡Sigue tras la pista de Darzac!… También el señor Darzac se marchó esta mañana para ParÃs. Todo esto acabará muy mal… Preveo la detención del señor Darzac antes de ocho dÃas. Lo peor es que todo parece confabularse contra el desgraciado: los acontecimientos, las cosas, la gente… No transcurre una hora que no aporte una nueva acusación contra el señor Darzac… El juez de instrucción está abrumado y cegado… Por lo demás, comprendo que estén cegados… Es para estarlo, a menos que…
—Sin embargo, Frédéric Larsan no es un novato.
—Creà —dijo Rouletabille con una mueca ligeramente despectiva— que Fred era mucho mejor que todo esto… Evidentemente no es un cualquiera… Yo mismo le profesé mucha admiración cuando no conocÃa su método de trabajo. Es deplorable… Debe su reputación únicamente a su habilidad; pero le falta filosofÃa; la matemática de sus concepciones es muy pobre…