El Misterio del cuarto amarillo

El Misterio del cuarto amarillo

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Finalmente, con frases cortas y rápidas, me comunicó cosas que me sumieron en un estado parecido al entontecimiento, pues, a decir verdad, los fenómenos de esa ciencia aún desconocida que es el hipnotismo, por ejemplo, no son más inexplicables que la desaparición de la materia del asesino en el momento en que eran cuatro a tocarla. Hablo del hipnotismo como hablaría de la electricidad, cuya naturaleza ignoramos y cuyas leyes conocemos tan poco, porque, en aquel momento, el caso me pareció que no podía explicarse más que por lo inexplicable, es decir, por un acontecimiento fuera de las leyes naturales conocidas. Y, sin embargo, si hubiera tenido el cerebro de Rouletabille, habría tenido como él el «presentimiento de la explicación natural»: porque lo más curioso en todos los misterios del Glandier fue «la forma natural de explicarlo que tuvo Rouletabille». ¿Pero quién hubiera podido entonces y podría aún vanagloriarse de tener el cerebro dé Rouletabille? Nunca he encontrado en ninguna otra frente los originales e inarmónicos bollos de su frente, si no es —pero mucho menos aparentes— en la frente de Frédéric Larsan, y aun así habría que fijarse en la frente del famoso policía para adivinar el dibujo, mientras que los bollos de Rouletabille saltaban —si se me permite usar una expresión un poco fuerte—, saltaban a la vista.



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