El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —¿Dónde está?
—En la habitación de la señorita Stangerson.
—¿Y la señorita Stangerson?
—No está en la habitación.
—¡Vamos!
—¡No vaya! El hombre a la primera alarma se escapará… Para ello tiene tres caminos: la puerta, la ventana y el gabinete donde están las mujeres…
—Le dispararé…
—¿Y si no le da usted? ¿Y si no hace más que herirlo? Se escapará otra vez… Sin contar con que seguramente también él está armado… No, déjeme dirigir el experimento y respondo de todo…
—Como quiera —me dice con bastante amabilidad.
Entonces, después de asegurarme de que todas las ventanas de las dos galerÃas están herméticamente cerradas, coloco a Frédéric Larsan al extremo del recodo de la galerÃa, delante de la ventana que encontré abierta y que volvà a cerrar. Digo a Fred:
—No abandone este puesto por nada del mundo hasta que yo lo llame… Hay un cien por cien de posibilidades de que el hombre vuelva a la ventana e intente escapar por ahà cuando lo persigamos, porque vino por ahà y por ahà tiene prevista su huida. Tiene usted un puesto peligroso…
—¿Cuál es el suyo? —preguntó Fred.