El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo
¡Ah! Ahora habĂa que actuar con rapidez… ¡HabĂa que ser el viento, la tormenta…, el rayo! Pero ¡ay!…, ¡ay! «HabĂa movimientos necesarios…» Mientras yo hacĂa los movimientos necesarios de restablecimiento sobre las muñecas, de la rodilla sobre la piedra, y de mis pies sobre la piedra…, el hombre que me habĂa visto a la ventana se abalanzĂł, se precipitĂł sobre la puerta de la antecámara, tuvo tiempo de abrirla y huyĂł. Pero ya estaba yo detrás de Ă©l con el revĂłlver en la mano. GritĂ©: «¡A mĂ!»