El Misterio del cuarto amarillo

El Misterio del cuarto amarillo

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Eran entonces las seis y media en el reloj que sacó del bolsillo de su chaleco; se levantó, me indicó con una seña que lo siguiera, y, sin tomar precaución alguna, sin intentar siquiera atenuar el ruido de sus pasos, sin recomendarme silencio, me condujo a través de la galería; alcanzamos la galería recta, y la seguimos hasta el descansillo de la escalera, que atravesamos. Entonces proseguimos la marcha por la galería del «ala izquierda», pasando por delante de los aposentos del señor Stangerson. Al extremo de esta galería, antes de llegar a la torre, había un cuarto que era la habitación ocupada por Arthur Ranee. Lo sabíamos por haber visto a mediodía al americano en la ventana que daba al patio. La puerta de la habitación daba transversalmente a la galería, pues la habitación cortaba y terminaba la galería por ese lado. En una palabra, la puerta de esa habitación estaba justo frente a la ventana este, que se encontraba al extremo de la otra galería recta del ala derecha, en el sitio donde anteriormente Rouletabille había colocado al tío Jacques. Cuando se daba la espalda a esa puerta, es decir, cuando se salía de la habitación, «se veía toda la galería» seguida: ala izquierda, descansillo y ala derecha. Unicamente no se veía el recodo de la galería del ala derecha.

—Yo me reservo el recodo de la galería —dijo Rouletabille—. Cuando se lo pida, usted vendrá a instalarse aquí.


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