El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo La señorita Stangerson había estado a punto de ser asesinada por segunda vez. Por desgracia, la segunda fue mucho peor que la primera. Las tres cuchilladas que el hombre le dio en el pecho aquella noche trágica la pusieron durante mucho tiempo entre la vida y la muerte, y cuando por fin prevaleció la vida y cupo esperar que una vez más la desgraciada mujer escaparía a su sangriento destino, nos dimos cuenta de que, si recobraba cada día el uso de los sentidos, no recuperaba el de la razón. La menor alusión a la horrible tragedia la hacía delirar, y creo que no es exagerado decir que la detención de Robert Darzac, que tuvo lugar en el castillo del Glandier al día siguiente del descubrimiento del cadáver del guarda, ahondó aún más el abismo en que vimos desaparecer aquella hermosa inteligencia.
Robert Darzac llegó al castillo hacia las nueve y media. Lo vi correr a través del parque, con el pelo y las ropas en desorden, lleno de barro, en un estado lamentable. Su rostro estaba mortalmente pálido. Rouletabille y yo estábamos acodados en una ventana de la galería. Nos vio y lanzó hacia nosotros un grito desesperado:
—¡Llego demasiado tarde!…
Rouletabille le gritó:
—¡Está viva!…