El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Al menos me vi inclinado a pensarlo cuando el señor Stangerson confirmó sus palabras; añadió que la víspera no había tenido el placer de tener a la mesa a su amigo Arthur Ranee porque éste se había despedido ya de su hija y de él hacia las cinco. Arthur Ranee había pedido que le sirvieran simplemente un té en su habitación, alegando estar ligeramente indispuesto.