El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo * * *
En la sala de audiencias el proceso se desarrollaba bajo la presidencia del señor de Rocoux, un magistrado imbuido de todos los prejuicios de la gente de toga, pero en el fondo honrado.
Habían llamado a los testigos. Yo estaba entre ellos, naturalmente, así como todos los que, de cerca o de lejos, habían tocado los misterios del Glandier: el señor Stangerson, envejecido diez años, desconocido; Larsan; Arthur W. Ranee, con la cara siempre colorada; el tío Jacques; el tío Mathieu, que fue llevado con las esposas en las manos, entre dos gendarmes; la señora Mathieu, bañada en lágrimas; los Bernier; las dos enfermeras; el mayordomo; todos los criados del castillo; el empleado de correos de la oficina número 40; el empleado del ferrocarril de Epinay; algunos amigos del señor y de la señorita Stangerson, y todos los testigos de descargo de Robert Darzac. Yo tuve la suerte de ser oído entre los primeros testigos, lo que me permitió asistir a casi todo el proceso.