El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Rouletabille buscó tranquilamente en el bolsillo de su chaleco, sacó un enorme reloj de bolsillo y, mirando la hora, dijo:
—Señor presidente, no podré decirle el nombre del asesino hasta las seis y media.
¡Tenemos todavÃa cuatro buenas horas por delante!
Se oyeron en la sala murmullos de sorpresa y contrariedad. Algunos abogados dijeron en voz alta:
—¡Está tomándonos el pelo!
El presidente parecÃa encantado; los letrados Henri-Robert y André Hesse estaban molestos.
El presidente dijo:
—Ya ha durado bastante la broma. Señor, puede usted retirarse a la sala de los testigos. Queda usted a nuestra disposición.
Rouletabille protestó: