El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo »Una inyección de morfina administrada a tiempo daba al tío Mathieu calma y reposo, y tranquilizaba a su esposa durante las horas en que se veía obligada a ausentarse. La señora Mathieu iba al castillo por la noche, envuelta en un gran chal negro, que le servía dentro de lo posible para disimular su personalidad y la hacía parecer un sombrío fantasma, que a veces turbó las noches del tío Jacques. Para avisar a su amigo de su presencia, la señora Mathieu se sirvió del maullido siniestro del gato de la tía Agenoux, una vieja bruja dé Sainte-Geneviéve-des-Bois; el guarda bajaba en seguida de la torre e iba a abrir la pequeña poterna a su amante. Cuando hace poco se emprendieron las reparaciones de la torre, las citas siguieron sucediéndose en la antigua habitación del guarda, en la misma torre, dado que la nueva habitación que momentáneamente habían asignado al desgraciado servidor en la extremidad del ala derecha del castillo no estaba separada de la pareja del mayordomo y la cocinera más que por un tabique excesivamente delgado.