El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo El presidente, vacilante ya, pero curioso, siguió preguntando:
—¿Pero qué misterio puede ser ése?
—¡Ah, señor, no podrÃa decÃrselo! —dijo Rouletabille, saludando al presidente—. Unicamente creo que ahora sabe usted lo suficiente como para absolver al señor Robert Darzac… ¡A menos que vuelva Larsan! ¡Pero no creo! —dijo riendo con una franca risa jovial.
Todo el mundo rió con él.
—Una pregunta más —dijo el presidente—. Siempre admitiendo su tesis, comprendemos que Larsan quisiera desviar las sospechas hacia el señor Robert Darzac, pero ¿qué interés tenÃa en desviarlas también hacia el tÃo Jacques?…