El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Saludé y me fui, estupefacto ante lo que acababa de ver y oír, y no llegando a comprender cómo Robert Darzac no había puesto en la calle a mi impertinente, injurioso y estúpido amigo… Pues, en aquel minuto, no perdonaba a Rouletabille sus sospechas, que habían desembocado en la inaudita escena de los guantes…
Me paseé más o menos veinte minutos delante del castillo, intentando unir entre sí los diferentes acontecimientos de aquella mañana sin lograrlo. ¿Cuál era la idea de Rouletabille? ¿Era posible que Robert Darzac pudiera parecerle el asesino? ¿Cómo pensar que aquel hombre que iba a casarse dentro de unos días con la señorita Stangerson se hubiera introducido en el «Cuarto Amarillo» para asesinar a su novia? En fin, nada había venido a indicarme cómo pudo el asesino salir del «Cuarto Amarillo»; y, mientras no me explicaran ese misterio que me parecía inexplicable, yo estimaba que nadie tenía por qué sospechar de nadie. Finalmente, ¿qué significaba esa frase insensata que seguía sonando en mis oídos: La rectoral no ha perdido nada de su encanto ni el jardín de su esplendor? Estaba impaciente por encontrarme a solas con Rouletabille y preguntárselo.
En aquel momento, el joven salió del castillo con Robert Darzac y, cosa extraordinaria, vi al primer vistazo que eran los mejores amigos del mundo.