El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —Vamos al «Cuarto Amarillo» —me dijo Rouletabille—, vengase con nosotros. A propósito, querido amigo, usted se quedará conmigo todo el dÃa. Comeremos juntos por aquÃ…
—Comerán aquà conmigo, señores…
—No, gracias —replicó el joven—. Comeremos en la venta «La Torre del Homenaje»…
—Allà estarán muy mal… No encontrarán nada.
—¿Cree usted?… Yo espero encontrar algo —replicó Rouletabille—. Después de comer seguiremos trabajando, haré mi artÃculo, y usted será tan amable de llevármelo a la redacción…
—¿Y usted? ¿No vuelve conmigo?
—No. Voy a dormir aquÃ…
Me volvà hacia Rouletabille. Hablaba seriamente y Robert Darzac no parecÃa extrañarse en absoluto…
Pasábamos entonces delante de la torre y oÃmos gemidos. Rouletabille preguntó:
—¿Por qué detuvieron a esta gente?
—Yo tengo un poco de culpa —dijo el señor Darzac—. Le hice observar ayer al juez de instrucción que era inexplicable que a los porteros les diera tiempo a oÃr los tiros, «vestirse», recorrer el espacio bastante grande que separa su casa del pabellón, y todo eso en dos minutos; pues no transcurrieron más de dos minutos entre los tiros y el momento en que los encontró el tÃo Jacques.