El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —SÃ, señor —dijo Robert Darzac—, al pie de la cama; pero, se lo ruego: no hable de ello. El señor Marquet nos pidió que guardáramos el secreto —yo hice un gesto de protesta—. Es un enorme hueso de cordero cuya cabeza, o mejor dicho, cuya articulación seguÃa roja de la sangre de la horrible herida que hizo ala señorita Stangerson. Es un viejo hueso de cordero que debió de servir para otros crÃmenes, según las apariencias. Asà piensa el señor Marquet, que lo mandó llevar al laboratorio municipal de ParÃs para que lo analizaran. En efecto, cree haber notado en el hueso, además de la sangre fresca de la última vÃctima, unas manchas rojizas que no serÃan más que manchas de sangre seca, testimonios de crÃmenes anteriores.
—Un hueso de cordero en manos de un «asesino habituado» es un arma espantosa —dijo Rouletabille—, un arma «más útil» y más segura que un pesado martillo.