El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Rouletabille volvió al laboratorio y fue a cerrar las contraventanas y la puerta del vestíbulo. Cuando estuvimos completamente a oscuras, encendió una vela, se la dio al tío Jacques y le dijo que se dirigiera con la vela hacia el centro del «Cuarto Amarillo», al mismo lugar donde lucía aquella noche la mariposa.
El tío Jacques, que estaba en zapatillas (solía dejar sus zuecos en el vestíbulo), entró al «Cuarto Amarillo» con el trozo de vela, y distinguimos vagamente, mal iluminados por la llamita moribunda, objetos tirados por el suelo, una cama en el rincón y, enfrente de nosotros, a la izquierda, el reflejo de un espejo colgado de la pared, cerca de la cama. Fue todo muy rápido.
Rouletabille dijo:
—Ya vale. Puede abrir las contraventanas.
—Pero no entre —rogó el tío Jacques—; podría dejar marcas con los zapatos… Y no se puede tocar nada. Se le ha ocurrido al juez así, de buenas a primeras, aunque para él esté el caso concluido…