La maquina de asesinar
La maquina de asesinar El viejo Norbert comprendió aquellas palabras. Y los dos entraron nuevamente en el bosque y atravesaron la colina a cuyas faldas se levantaba el fúnebre pabellón, cerrado como una tumba, a orillas del estanque ya célebre. Era la guarida que los más curiosos no se atrevían a mirar sino de lejos; era la guarida donde el sátiro de Corbilléres-les-Eaux quemaba a sus víctimas luego de haberlas descuartizado en la bodega. Los dos caminantes apresuraban el paso con una suprema esperanza y con un supremo terror…