La maquina de asesinar
La maquina de asesinar Si; tengo frÃo, un frÃo de hielo,
y ardo en todas partes…
Bajo el hielo y en el fuego
encontrarás tu dios.
VERLAINE
Jaime, al entrar en la fonda, daba lástima. Sin embargo, rechazaba todos los cuidados…
Las tres hermanas, discretamente, no insistieron. No obstante, la criada del primer piso, la buena Catalina, por indicación de las tres señoritas, proveyó la chimenea de su habitación de leña bien seca y colocó un ladrillo caliente en la cama. Además, ofreció al viajero un grog de elevada temperatura. Pero Jaime dejó que se enfriara todo…
Dos horas más tarde, mal envuelto en una manta, hundido en el sillón donde habÃa refugiado su tristeza, gritaba, escupÃa y tosÃa mientras sentÃa que las primeras ondas de la fiebre recorrÃan su cuerpo indefenso…
En esto vinieron a anunciarle la visita de la señorita de Beigneville.
Con ojos apagados la vio entrar en la estancia.
—¡Oh, mi pobre Jaime! —gimió ella—. Necesitas quedarte… ¿Qué te pasa?
—¡Me lo preguntas tú! —replicó él—. No es nada grave. Tengo frÃo en el corazón…
