La maquina de asesinar
La maquina de asesinar —Esos escándalos de Corbilléres los he denunciado yo; esos artÃculos yo los he escrito —repuso Lebouc en voz alta y clara.
—¿Es usted quien firma XXX?
—Yo, señor director.
El señor director pronunció una palabra fuerte.
—¡Ya estoy cansado de ser el Emisario, de trabajar siempre para los demás, de no obtener ni gloria ni provecho, sino la más negra de las ingratitudes!… ¡Siempre sacrificado!… ¡Siempre dispuesto al sacrificio!… Tal ha sido la divisa que llevo impuesta desde hace años… Pero ¡me la arranco!… Servir a la policÃa de la patria es una ocupación muy noble; a ella quiero dedicarme, pero sin que se abuse de mÃ… Mal empecé mi caminar por la vida. Un dÃa me coloqué al lado de ustedes porque eran los más fuertes. ¡Bien me lo han demostrado, porque esa fuerza no han dejado de emplearla contra mil!… Entonces he pensado que hay algo más fuerte que la policÃa: es la prensa. Y me he hecho periodista…
—¡Es usted un burro, Lebouc!… ¿Sabe usted lo que ha hecho?… ¡Mañana no tendrá quien le defienda, porque yo ya no estaré aquÃ!…
—¡Me defenderé yo, señor Bessiéres, con ayuda de la gran prensa!… Pero somos intangibles… ¡Le traigo al muñeco sanguinario!…