La maquina de asesinar
La maquina de asesinar El señor Lavieuville, propietario, soltero, filántropo y mayordomo de la parroquia, era un ex notario de provincias que había vuelto para acabar sus días a la Íle-Saint-Louis, que había visto sus juegos de niño. Y vivía en la casa donde habían muerto sus padres.
Se trataba de una buena persona, que no tenía más pasión que la de hacer el bien con el dinero de los demás. Era prodigiosamente avaro. Por aquel tiempo había despedido a su antigua criada, se cocinaba él mismo y había reducido la servidumbre a la señora Langlois, que acudía siempre en las primeras horas de la mañana. (Por cierto que aquella mañana había faltado.) En la parroquia se le citaba como un ejemplo de abnegación y de pobreza voluntaria.
