La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Todas las noches permanecÃa con los grandes ojos abiertos, con una lisa piedra en su largo pico sonrosado, y, cuando la menor señal le advertÃa un peligro para los que guardaba, con un movimiento de su largo cuello lanzaba bruscamente a las onÂdas, en medio del blanco cÃrculo de sus durmienÂtes, la piedra del despertar: y la bandada, a esta señal, aún guiada por él, huÃa volando a través de la oscuridad bajo las profundas avenidas, haÂcia algunos lejanos céspedes o hacia una fuente que reflejaba grises estatuas, o hacia otro amparo que su memoria conociera bien. Bonhomet los haÂbÃa querido durante largo tiempo, en silencio —sonriéndole incluso—. ¿No era con su último canto con el que, como perfecto dilettante, penÂsaba acariciarse los oÃdos?