La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —¿Bromeáis, no es cierto?… —dijo Lenoir, tras un instante—. ¿Cómo queréis que el hecho pueda desmentir a una idea lógica, dado que la idea lógica es la misma esencia del hecho?
—¡Probadlo entonces! ¡Tratad, tratad de aplicar fÃsicamente la teorÃa!
—Pero… me bastarÃa hacer deslizar un peso a lo largo de una barra de acero para que la longiÂtud de la barra levante pesos mil veces superiores al del peso que deslizara sobre esta barra. AdverÂtÃs que la longitud y el peso encajan uno en otro, tanto en los hechos como en las ideas.
—¡FraseologÃa!… —refunfuñé con humor—: es falaz; de acuerdo. Pero, en el fondo, se trata de palabras.
—¿Y con qué queréis que os responda? —dijo Lenoir sonriendo—. ¿Con qué me preguntáis? NeÂgáis el valor de la palabra palabra con la misma PALABRA. ¿Es que queréis charlar conmigo meÂdiante gestos?… El viento sopla, el instinto grita, la idea se expresa.
—Mi querido Lenoir —exclamé—, volvamos a la cuestión. Puedo concluir afirmando que, como no veo ni toco las ideas, me gusta más llamar reales a las cosas sensibles. Y toda la humanidad estará de acuerdo conmigo.
—No —dijo Lenoir.