La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —¡Cómo que no! —respondí por tercera vez, mirando con tristeza al pobre hegeliano.
—Si las cosas son, si se produce la aparición del universo, sólo puede ser en virtud de una necesidad absoluta. ¡Hay una razón para ello! Y bien, ya sea esta razón la Idea o algo diferente de la Idea, es más bien del ser sensible de lo que hay que dudar, ya que todo lo que posee de realidad le viene necesariamente de esa razón-viva, de esa ley-creadora, y porque esta razón, esta ley, sólo puede ser captada y penetrada por el Espíritu. Así pues, la IDEA es la forma superior de la realidad: y es la realidad misma, ya que participa de la naturaleza de las leyes sobrenaturales y penetra los elementos de las cosas. De donde se deduce que estudiando simplemente las filiaciones de la Idea, estudiaré las leyes constitutivas de las cosas y mi razonamiento COINCIDIRÁ, si es estricto, con la misma ESENCIA de las cosas, ya que implicará, en el contenido, a esa NECESIDAD que constituye el fundamento de las cosas.
En una palabra, soy, en cuanto pensamiento, el espejo, la reflexión de las leyes universales o, según la expresión de los teólogos, «estoy HECHO a imagen de Dios». Comprender es el reflejo de crear.